Hay una extensa historia de intercambios y contactos culturales entre Cuba y los Estados Unidos. Estos nexos fueron estimulados gracias a los compromisos comerciales y políticos existentes entre los dos países, así como también por la proximidad geográfica entre ellos. La colaboración formal entre científicos cubanos y norteamericanos en campos como la zoología, la botánica, la meteorología y la epidemiología data desde mediados del siglo XIX, y se ha mantenido desde entonces con diferentes niveles de intensidad. La ruptura de las relaciones diplomáticas entre las dos naciones a principios de la década de los sesenta limitó severamente su número y alcance, pero esto no significó su desaparición total. Los investigadores en ambos países continuaron sus nexos, a pesar de los obstáculos. Después de un brusco descenso en los sesenta, los contactos comenzaron a incrementarse en los setenta y las colaboraciones se ampliaron, incluyéndose nuevas áreas de la medicina y la biología, así como de las humanidades y las ciencias sociales, disciplina esta última sobre la que enfocaré mi análisis.
La pasada década de los noventa en particular ha experimentado un marcado incremento tanto por el número como por el alcance de programas existentes en instituciones académicas norteamericanas con el fin de fomentar la cooperación intelectual con Cuba. Cornell, Georgetown, Tulane, City University of New York (CUNY) y Florida International University son algunas de las universidades que han establecido programas importantes de intercambio académico, mientras que la cantidad de planes de estudio de pregrado para estudiantes norteamericanos en Cuba se incrementa sensiblemente. Instituciones de investigación no establecidas en universidades, como el Centro de Investigación Marina de Washington D.C. y la Smithsonian Institution, se han involucrado también en esta reciente expansión de la colaboración académica entre los dos países. Varias asociaciones han hecho un especial esfuerzo por brindar espacios a académicos cubanos y norteamericanos para investigar conjuntamente en áreas de interés común. LASA ha sido quizás el ejemplo más destacado, significándose el elevado número de académicos cubanos que participan en sus reuniones internacionales. Específicamente, en este su XXII Congreso, lo hacen casi un centenar de académicos residentes en la Isla.
Vale la pena destacar que en la década de los ochenta y los noventa, unido al auge del intercambio académico, se aprecia una sana diversificación de las instituciones cubanas con las que se desarrollan proyectos. Entre ellas se incluyen el Centro de Estudios sobre Estados Unidos (CESEU), la Facultad de Filosofía e Historia, el Centro de Estudios de Alternativas Políticas (CEAP), el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), el Centro de Investigación de la Economía Internacional (CIEI), el Centro de Estudios de América (CEA), el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), el Instituto de Historia y el Archivo Nacional de Cuba.
El nacimiento y crecimiento del intercambio académico entre los dos países durante estos más de veinte años no ha sido un proceso fácil, en honor a la verdad, también ha estado preñado de recelos, prejuicios y escollos por ambas partes.
Recuento valorativo del desarrollo de los intercambios académicos entre Cuba y Estados Unidos
La década del sesenta fue el período en el que, por un conjunto de circunstancias, se dan los primeros contactos académicos entre Cuba y Estados Unidos. En ese entonces visitan la Isla académicos, representantes, senadores y hasta candidatos a la presidencia de los EE.UU. como George McGovern, cuyos primeros encuentros en la Isla fueron con un grupo de profesionales quienes recién se iniciaban en los estudios sobre Estados Unidos. La fructificación de estos esfuerzos en tal coyuntura solo se explica por la existencia de una relación cultural de más de dos siglos entre ambos pueblos.
En l972 se había creado la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la Escuela de Historia y, un año después se organizó el Grupo de Estudios de Estados Unidos en la Facultad de Humanidades, tras un primer intento de creación en el Instituto de Historia en l97l.
Los estudios sobre los Estados Unidos se tornaban una necesidad tanto de orden intelectual para la academia como de la política que reclamaba un conocimiento más especializado de la sociedad norteamericana. La feliz coincidencia de ambos intereses en la coyuntura de los años setenta favoreció el desenvolvimiento y el intercambio académico entre los dos países.
Para una de las participantes de aquel primer intercambio, la Doctora Meg Crahan, las raíces del primer encuentro en 1977, podrían encontrarse en un viaje a Cuba que en diciembre de 1973 había organizado la Universidad de La Habana. Un grupo de académicos del Centro de Estudios Cubanos, dirigidos por Sandra Levinson, vinieron a nuestro país a impartir seminarios. Estos últimos, versaron sobre diferentes aspectos de la historia, la política y la economía de Estados Unidos y además se abordaron cuestiones relacionadas con la metodología de la investigación.
La apertura de las Oficinas de Intereses en Washington y en La Habana en 1977, bajo la presidencia de James Carter, quien favoreció cierto nivel de distensión en la relación bilateral, tuvieron gran importancia como vehículos oficiales de comunicación. Estas contribuyeron a facilitar el intercambio académico con relación a la obtención de visas, adquisición de libros e información. Sin duda, importantísima ha sido la actividad de los diplomáticos cubanos en los medios académicos e intelectuales estadounidenses, estimulando el interés por Cuba.
En esta primera etapa, se destaca el papel de Ramón Sánchez Parodi, jefe en ese entonces de la Oficina de Intereses en Washington y a su vez profesor adjunto de la Universidad de La Habana. Posteriormente, no menos importante fue el apoyo de José Arbezú, jefe de la Oficina de Intereses en Washington y también profesor adjunto de la Universidad de La Habana; y más recientemente de Fernando Remírez, actual jefe de dicha Oficina, y de Dagoberto Rodriguez quien esta al frente de la Direccion America del Norte de la Cancillería. Es un hecho reconocido que el intercambio ha sido favorecido por el apoyo de la alta dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Como ya planteamos, es 1977, el momento en que podemos situar el inicio del intercambio, teniendo en cuenta que los académicos cubanos comienzan a viajar a Estados Unidos con tal propósito. Precisamente en octubre de 1977, el primer grupo de académicos cubanos, organizado por Franklin Knight y Al Stepan de las Universidades de Yale y Johns Hopkins, viaja a Estados Unidos a sostener una reunión con sus colegas en dichas universidades, y a participar en la Reunión de LASA en Houston. Los participantes fueron: José Arron (Yale), Jules Benjamín (Pittsburgh), Lourdes Casal (Rutgers), Raquel Chang-Rodríguez (CUNY), Carlos Díaz Alejandro (Yale), Roberto González Echevarría (Yale), Patricia Fagen (U.C-San José), Richard Fagen (Stanford University), Richard Moree (Yale), Nancy Stepan (Yale), Diana Vélez (Princeton), así como también Al Stepan, Frank Knight y Meg Crahan. La delegación cubana representaba a la Universidad de La Habana, Casa de Las Américas y el Instituto de Relaciones Internacionales. Estaba integrada por Mirta Aguirre, Mery Gentile, Milagros Martínez, Esteban Morales, Manuel Moreno Fraginals, Oscar Pino Santos y Roberto Fernández Retamar.
A esta significativa acción, siguieron otras actividades en el transcurso de mas de veinte anos en el Programa de Johns Hopkins. Entre ellas podemos citar los talleres de intercambio sobre diferentes aristas de las relaciones bilaterales , viajes de estudiantes de pregrado y posgrado a recibir cursos organizados por la Fundación Fernando Ortiz que dirige Miguel Barnet, la ampliación del intercambio al ámbito de la salud pública, la organización de sendos talleres sobre transiciones en el Caribe y medio ambiente, y el impulso al estrechamiento de los vínculos para proveer de apoyo tecnológico al Archivo Nacional de Cuba.
Efectivamente, puede afirmarse que el intercambio académico con la Johns Hopkins University ha sido el más estable, sistemático y fructífero por la diversidad de sus relaciones, que han permitido por más de veinte años a decenas de profesores, investigadores y escritores de los diferentes centros e instituciones, realizar sus proyectos de investigación e impartir conferencias. Especial reconocimiento hay que dar a Wayne Smith y Franklin Knight por el empeño en ello mostrado así como a la Fundación Ford que desde 1980 ha asegurado generosamente el presupuesto del intercambio entre esta universidad y las instituciones de la Isla.
En el caso particular de LASA, como ya mencionamos, la presencia de cubanos data también desde 1977. En aquella ocasión, el VII Congreso de LASA estaba coauspiciado por la Asociación de Estudios Africanos, lo que lo hacía aún más interesante para los cubanos participantes, dada la sensible importancia que en aquel entonces tenía África para la política exterior cubana.
A partir de esa fecha y hasta marzo del 2000, la asistencia de cubanos de la Isla a estos Congresos ha sido casi ininterrumpida. Los aspectos más significativos del intercambio con LASA son precisamente: la continuidad de la participación y el carácter creciente de estos en medio de circunstancias no siempre favorables al desenvolvimiento de los intercambios. Ello ha estado condicionado por las tensiones recurrentes que introduce el conflicto bilateral entre Cuba y Estados Unidos, y en especial por la rigidez de la política norteamericana durante la década del ochenta bajo el doble mandato de la administración Reagan.
No obstante, a pesar de lo anterior, el intercambio no solo se mantuvo, sino que se acrecentó, destacándose el rol jugado por figuras que han ocupados puestos de dirección en las estructuras de LASA, quienes lograron aumentar el financiamiento y ampliar los conceptos e iniciativas para impulsarlo.
El año 1983 marcó un hito en la relación con LASA, dada la amplia representación de cubanos en el Congreso que tuvo lugar en Ciudad México en septiembre de ese año, y al asignar las autoridades cubanas al CEA la coordinación de las relaciones con LASA, tarea que durante más de diez años asumió con seriedad y esfuerzo, hasta que en 1995 se traslada esta labor a la Universidad de La Habana.
En 1988 se vivió un momento de revitalización, al triunfar las gestiones y presiones de los directivos de LASA ante las autoridades estadounidenses y lograr que a partir de entonces se estableciera una especie de compromiso con el Departamento de Estado encaminado a garantizar la aprobación de las visas para los académicos e intelectuales de Cuba invitados a este evento y otras actividades de LASA. En este año reaparecen los cubanos en el Congreso de Nueva Orleans y se enriquece el intercambio entre LASA y las instituciones de la Isla, al iniciarse un plan que contemplaba la creación de varios grupos de trabajo con integrantes de los dos países, que operaban mediante la realización de encuentros en Cuba y los Estados Unidos, así como apoyando la presencia de cubanos en los Congresos.
Al extenderse posteriormente este mecanismo y aprobarse nuevos grupos de trabajo, se llegó a contar con la asistencia de alrededor de treinta cubanos. Así ocurrió en 1991 en Washington y en 1994 en Atlanta, donde además de asistir al desarrollo del evento, funcionaron los citados grupos. Bajo el concepto de esta suerte de equipos de investigación conjunta, participaron 44 especialistas cubanos, quienes atendían esferas de los estudios que abarcan desde los temas económicos, políticos e históricos hasta los del cine, la literatura y el pensamiento martiano.
El año 1997 en Guadalajara marca otro momento relevante en los vínculos entre LASA y Cuba, al asistir una nutrida representación cubana y adoptarse una nueva estructura de trabajo, la Sección Cuba que sin dudas ha posibilitado una mayor coherencia, planificación y atención a los intereses de los académicos miembros.
En septiembre de 1998, en el Congreso de Chicago, se alcanzó la mayor cifra de cubanos participantes, la Sección Cuba organizó dos paneles y se comenzaron a dar los pasos necesarios para hacer efectiva la membresía de cincuenta cubanos residentes en la Isla gracias a un donativo de la Fundación MacArthur.
En marzo del 2000, fecha en que se celebra el XXII Congreso de LASA, se evidencia nuevamente el carácter creciente de las relaciones de Cuba con esta Asociación, cuando posiblemente, más de cien académicos de la Isla asistirán a este encuentro, en donde se harán efectivo los derechos de los cincuenta miembros cubanos quienes podrán votar y ser elegidos, y sesionarán más de cuatro paneles de la Sección, que abarcarán temas tan diversos como: medio ambiente, intercambio académico, relaciones Cuba-Estados Unidos y cultura cubana en los noventa.
Valoración general del desarrollo de los intercambios académicos
Al pasar revista a ya casi más de dos décadas de colaboración, saltan a la vista una serie de características que no debiéramos pasar por alto, pues reflejan la calidad del intercambio alcanzado y arrojan luz sobre los esfuerzos que aún debemos acometer, de cara al desarrollo futuro de las relaciones académicas entre las instituciones cubanas y norteamericanas.
Por un lado, tenemos la diversidad de instituciones cubanas cuyos especialistas, profesores e investigadores han participado en las actividades organizadas en los intercambios, que conforman en la actualidad un largo listado en el que se mezclan facultades y centros universitarios, dependencias del Ministerio de Cultura, de la antigua Academia de Ciencias, hoy Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, centros académicos adscritos al Estado y al Partido Comunista de Cuba, como el Instituto de Investigaciones Económicas (INIE), el Centro de Estudios de América, el de Estudios Europeos, el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), el Instituto de Historia, y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Por otro lado, se distingue la gran variedad de temas tratados en esos eventos, en los que sobresalen los estudios cubanos en todas sus dimensiones, economía, política, sociedad, cultura, medio ambiente, relaciones exteriores, pero donde han sido también importantes las contribuciones a aristas de la realidad latinoamericana y caribeña, propiciando de manera especial los Congresos de LASA, oportunidades para que se conozcan y divulguen resultados del quehacer investigativo de científicos sociales, escritores y artistas cubanos. Al mismo tiempo estos les han permitido estar al día en sus respectivos campos especializados, rompiendo con ello el bloqueo que en el terreno cultural nos impone la política norteamericana.
No menos importante ha sido el sostenido respeto con que los directivos de las instituciones académicas norteamericanas han auspiciado y hecho posible la presencia de intelectuales y académicos de nuestro país, lo cual, como sabemos todos, ha conllevado a menudo, diferencias de puntos de vista, debates y confrontaciones de ideas, en condiciones complejas, cuyo desenlace, sin embargo, ha transcurrido dentro de un marco respetuoso y de consideraciones mutuas.
Nos parece que lo alcanzado en estos veinte años es suficiente para sentirnos mucho más satisfechos que deprimidos, -aunque estos estados de ánimo nos han acompañado en más de una ocasión-, aún y cuando, como ocurre con todo en la vida, se trata de un camino que no ha estado libre de tropiezos y que, presumiblemente, no lo estará tampoco en un futuro.
Es un hecho, que el intercambio académico no ha podido, como es lógico, sustraerse de las diferentes coyunturas políticas que han existido en el contexto del conflicto bilateral entre los dos países, pero lo más importante es que se ha mantenido y puede afirmarse que tiene vida propia pues se ha desarrollado una red de relaciones académicas formales e informales, que han dado crédito a las instituciones académicas involucradas, lo que deviene en fructíferas relaciones interpersonales de carácter no solo académico sino también humano, que comparten el deseo y buena voluntad de que las relaciones entre ambos países se basen en el respeto mutuo y lleguen a ser normales algún día.
Sin embargo, al realizar este apretado bosquejo, que no ha pretendido ser un balance, para lo cual requeriríamos más tiempo y otro marco, resulta evidente que debemos atender a una serie de cuestiones que pudiéramos calificar como insuficiencias que aún persisten, de manera tal que ello contribuya a un mejor desenvolvimiento de nuestras relaciones académicas.
Entre ellas, es un viejo imperativo incrementar la presencia en los congresos de jóvenes, -incluso estudiantes de pregrado-, de mujeres y especialistas cubanos de distintas instituciones nacionales, incluyendo las del interior del país que aún no tienen la presencia que deseamos. Junto a ello, se impone avanzar en la diversificación de temáticas que no han sido suficientemente trabajadas y en la reactivación de mecanismos tan útiles, como fueron en su momento los grupos de trabajo de LASA, cuya incuestionable efectividad puede incluso mejorarse en una futura proyección.
En ese empeño, vale la pena destacar que las instituciones cubanas están muy lejos de evadir la discusión y la presentación de ponencias sobre aspectos cruciales de actualidad, como los relacionados con el sistema político y la democracia, la sociedad civil, la economía, las relaciones internacionales vistas desde múltiples aristas, los derechos humanos, la estructura social, las cuestiones de género, las relaciones raciales, entre otros; que se reiteran como constantes en los estudios cubanos, y definitivamente estarían en capacidad de extenderse a problemas de la sociedad y política norteamericanas, temas estos por cierto muy poco abordados en los intercambios, y que de introducirse nos ayudarían a los cubanos a avanzar en el necesario conocimiento sobre los Estados Unidos.
Definitivamente habría que decir que los intercambios, y especialmente los Congresos de LASA han dado un espacio para la exposición de resultados de investigaciones realizadas y de otras que se encuentran en curso, cuya divulgación y conocimiento estamos seguros de que han permitido una visión más objetiva y real de lo que acontece en la Cuba de hoy.
Desde luego, la búsqueda y definición de soportes financieros que permitan el desarrollo de esas u otras actividades es un componente básico en la relaciones entre las instituciones cubanas y norteamericanas, hay que seguir trabajando cada vez más con las fundaciones que nos han ayudado en estos años, la FORD, la MacArthur, ARCA, General Services, Christopher Reynolds, para lo cual resulta imprescindible la iniciativa y acciones de los colegas residentes en Estados Unidos y por la parte cubana propiciar talleres en la Isla que nos permitan intercambiar con los funcionarios y directivos de esas fundaciones sobre las vías futuras que debemos instrumentar para la mejor utilización y de los fondos asignados.
Es verdaderamente nuestra mayor aspiración que el intercambio entre los especialistas e instituciones cubanas y norteamericanas continúen, se consoliden y amplíen; y puedan contribuir en la perspectiva futura, como un pequeño, pero significativo aporte, al desarrollo de un clima de distensión bilateral en el prolongado conflicto entre los dos países.
En los períodos presidenciales de Reagan, estos talleres tuvieron que realizarse en sedes alternativas a Estados Unidos al no concedérsele visas de entrada a los académicos cubanos, realizándose en México, Canadá y Cuba. No es hasta 1979 en que se reanudan los mismos en Estados Unidos. |